Fuente: http://www.lanacion.com.ar

Los chicos en acción; Alas y Raíces es un proyecto que fundó Jorge Pérez, ex DT del seleccionado nacional de lucha

En el gimnasio que Pérez tiene en el garaje de su casa recibe todos los días a los chicos de los hogares . Foto:Juan Manuel Mielniezuk

La otra pelea
Jorge Pérez: "El verdadero valor de este trabajo no te da riqueza material sino espiritual"
El ex entrenador de la selección nacional de lucha hace ocho años que le enseña a chicos de dos hogares y de una iglesia; su tarea se refleja en los títulos alcanzados durante 2002

¿Por qué elegiste esta actividad?

-Me parece que la vida no tiene sentido si uno no asume responsabilidades. Una vez vi un video que me abrió la cabeza. En ese film había un chico que estaba en la playa tirando estrellas de mar al agua y un hombre se le acercaba y le preguntaba:

-¿Qué estás haciendo?

-Arrojo estrellas de mar al océano

-¿Y para qué lo haces?

-Porque está bajando la marea y está subiendo el sol y van a morir.

-Pero... hay miles de estrellas de mar y varios kilómetros de costa. Lo que haces no tiene sentido.

Entonces el chico agarró otra estrella, la tiró al mar, volvió y le dijo:

-Para esa estrella tuvo sentido.


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Jorge Pérez, de 44 años, es el hombre que día tras día arroja estrellas de mar al océano. Su misión es un tanto distinta a la del chico que cuenta la historia que el propio Pérez relató, pero la idea es la misma. Todos los días en su casa de Belén 1464, en Ituzaingó, le enseña lucha olímpica y participa de torneos nacionales con chicos de los hogares Bet-El (Castelar), Betania (Lomas del Mirador) y de la parroquia María Guadalupe, de Ituzaingó.

Pérez comenzó a practicar lucha a los 13 años y gracias a su talento para este deporte y su gran trayectoria ocupó el cargo de entrenador de la selección nacional desde 1999 hasta 2001.

-De entrenador de la selección a profesor de los chicos de un hogar...

-Siempre me dio un poco de pena ver a los chicos en la calle. Donaba comida y ropa en las iglesias y en los hogares, pero no era lo que yo quería; en realidad lo que buscaba era involucrarme más.

Cuando terminé mi carrera deportiva, en el 95, me puse a enseñar. Entonces fui al hogar Bet-el buscando chicos e invité a algunos a practicar lucha. Empezamos en Independiente, de Merlo por intermedio de la Federación de Lucha, que me dio una mano grande: me consiguió el lugar, algunos materiales y las colchonetas, que son las mismas que están acá; es decir que las tengo desde el 95.

-¿Siempre entrenaste a los chicos en tu casa?

-Estuve un año en Independiente, después pasamos a Casa Padua por dos años, de ahí fuimos, durante un año, a la sociedad de fomento Parque Alvear, de Ituzaingó. Después de eso me llegó el nombramiento de la selección. Estuve en el cargo dos años y medio, y cuando terminé ahí me puse a armar el gimnasio en mi casa. Fue así que nació Alas y Raíces.

-¿Por qué el nombre Alas y Raíces?

-Hacía mucho que estaba buscando un nombre y un día dando una charla en un curso leí en el libro "Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva", de Stephen Covey, que decía que a los hijos hay que darles alas y raíces y me pareció interesante. ¿Cuál es la esencia? Todos ellos son hijos deportivos y uno trata de darles alas y raíces. Uno de los mejores ejemplos es Modesto Graneros (ver aparte). Creo que aprendió muchas cosas y voló e hizo su historia. Y más allá de eso él sabe que nació de nuestra raíz.

-Me imagino que no es un trabajo fácil de llevar adelante.

-No veo diferencias entre los chicos que vienen del barrio con los del hogar. Yo me ocupo de ayudarlos desde lo deportivo. No hay ningún misterio en la relación. Lo que trato es que ellos se sientan cómodos y contentos. Eso se refleja en que varios fueron campeones nacionales y ganaron algunos torneos.

-¿Reciben algún tipo de apoyo?

-Sí, durante este año por intermedio, de la Federación de Lucha, conseguimos una beca de $ 300 por mes que para nosotros es muy importante.

A Jorge se le iluminan los ojos cuando habla de sus chicos. La charla se hace un poco cortada por los gritos de los pequeños luchadores que improvisan algunos combates para ayudar al fotógrafo a tomar la mejor imagen. Pero las que sorprenden a todos son Raquel Graneros, de 25 años, (hermana de Modesto), y Yanina Bernasconi -de 17 y campeona argentina 2002-, que practican lucha con Pérez desde hace dos años.

-¿Cómo llegan los chicos hasta acá?

-Muchas veces agarro mi auto y los paso a buscar cuando salgo de trabajar (capacitación de personal en la empresa CableVisión). Es una locura porque en algunas oportunidades cargo hasta diez chicos en el auto. Y para volver al hogar yo les doy la plata y se van hasta la estación de Ituzaingó y toman el tren.

-¿Cuál es el real valor que le encontrás a este trabajo?

-No me interesa el reconocimiento. El verdadero valor de este trabajo no te da una riqueza material, sino espiritual. Esto lo hago no solamente para satisfacer mi ego. Cada uno tiene una misión en la vida; todos deberíamos encontrar esa estrella de mar y tratar de hacer algo desinteresadamente.

Por Diego Morini
De la Redacción de LA NACION


Graneros, el gran ejemplo
Modesto Graneros, de 24 años, es el gran orgullo de Jorge Pérez. "Empecé en el 95, porque Jorge fue al hogar y yo me enganché al toque. No sabía lo que era la lucha ni las reglas. Iba a entrenarme dos veces por semana, después a competir. Después de eso me ofrecieron estar en el Cenard con alojamiento, comida y lugar para practicar."

La historia de Modesto es increíble. Desde que comenzó en la lucha su evolución fue constante: en el 98, 99, 2000 y 2002 fue campeón argentino; en 2000 también ganó el sudamericano de la especialidad y el año último se quedó con la medalla dorada en los Juegos Odesur en la categoría 74 kilos. Además, en 2000 y 2002 fue ternado para los premios Olimpia. "Jamás me imaginé todo esto para mí, todo se me fue dando de a poquito."

El día a día de Graneros se divide entre su trabajo en una mensajería, en una moto y los entrenamientos con el seleccionado nacional. "Es un orgullo estar en el seleccionado. Hay muchos chicos de la calle que tienen condiciones para esto. Lo que hace falta es alguien que les enseñe este deporte, pero lo más importante es que les enseñen a vivir, no todo pasa por la lucha."

 

Es un proyecto cuyo objetivo apunta a la integración de los que menos tienen por medio de... la lucha.

Desde un garaje en Belén 1464, en Ituzaingó, Jorge Pérez, de 47 años, busca la riqueza espiritual que disfruta a través de la enseñanza y dedica su tiempo libre a transmitir en su casa las virtudes de la lucha olímpica a chicos de los hogares Bet-El (Castelar), Betania (Lomas del Mirador) y de la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, en Ituzaingó. Para ello fundó su escuela deportiva, Alas y Raíces (alasyraices@fibertel.com.ar), que desde marzo del año último fue reconocida como una asociación civil sin fines de lucro.

"Estamos en un país donde los intereses son más poderosos que los principios. Nosotros nos apoyamos en un slogan: Por el honor solamente luchan los buenos", comentó Pérez, que comenzó a practicar lucha a los 13 años y llegó a ser DT de la selección nacional, desde 1999 hasta 2001.

Cuando en 1995 su carrera deportiva llegó a su fin, Pérez se dedicó a la enseñanza. Todo comenzó en Independiente, de Merlo, por intermedio de la Federación de Lucha, que le consiguió el lugar para entrenar a los jóvenes, además de algunos materiales y las colchonetas. Luego se mudó a Casa Papua y, más tarde, a la sociedad de fomento Parque Alvear, en Ituzaingó. Y en 2001 nació Alas y Raíces. Para Pérez, la dedicación es todo. "Muchas veces cargo hasta diez chicos en mi auto. Y para que vuelvan a sus hogares, les doy una moneda para que se tomen el tren." El año último, tres de sus alumnos representaron a la Argentina en el Panamericano de cadetes que se realizó en Ecuador: Sebastián Pérez (50 Kg), Matías Gamarra (58 kg), y Nahuel Fernández (69 kg), quienes finalizaron cuartos en sus categorías.

Este año clasificó a ocho luchadores para el Panamericano de cadetes, que se disputará en Chile, el 26 del actual. Una satisfacción que no será completa si no logra recaudar el dinero para afrontar los gastos de la competencia (15.000 pesos), hoy, su mayor propósito.

Diego Morini